lunes, 2 de septiembre de 2013

Sobre los precios de los energéticos*

SOBRE LOS PRECIOS DE LOS ENERGÉTICOS
Por Diego Otero
Exviceministro de Minas y Energía de Colombia y 
Exdirector del Departamento Nacional de Planeación - DNP 
El país, los industriales, los transportadores, los agricultores y los hogares, se quejan por los precios de los energéticos como la energía eléctrica, el gas natural,  el GLP, la gasolina y el diésel.  Y tienen razón, estos precios son de los más altos en comparación con la mayoría de los países del continente americano, y de los mayores del mundo.
Colombia es un país que cuenta con una muy buena dotación de recursos energéticos. Dispone de reservas en petróleo, gas natural, carbón, agua,  energía solar, biomasa, geotermia y aún de uranio.
Pero, asimismo, es uno de los países con los precios de los energéticos  más altos del mundo, por encima de la mayoría de los países que cuentan con recursos energéticos, que es  con los cuales debemos hacer la comparación.
Es decir, una paradoja, no somos competitivos en energía, es como si fuéramos importadores, de ahí que la ventaja que tenemos en energía no la utilizamos, para que los costos de producción sean más bajos y los hogares se beneficien.
Cuál es la razón? La mentalidad fiscalista y neoliberal de  los gobiernos que se han sucedido desde 1991. Prefieren darle gusto a una ideología, a pesar de que la aplicación extrema de esta doctrina lleva a perjudicar al país. Vale más aferrarse al extremismo  neoliberal y ser elogiado por el FMI, el Banco Mundial y el sector financiero que diseñar políticas más pragmáticas que consideren el interés de los colombianos y no el de Ecopetrol y el de las empresas privadas y transnacionales del sector eléctrico.
Los precios de la energía eléctrica en Colombia son muy altos.
Los hogares colombianos pagan precios de la energía eléctrica muy altos, por encima de los de Estados Unidos, Canadá, la mayoría de los países de Latinoamérica y cerca del promedio de la Unión  Europea.
Como un ejemplo, los precios en Estados Unidos eran en junio de 2013 de 214 pesos el kilovatios hora para los hogares y el comercio y de  153,50 pesos el kilovatio hora para la industria (Agencia de Información de Energía de los Estados Unidos), mientras que para Colombia, para  la distribuidora Codensa de Bogotá  (Boletín de la Superintendencia de Servicios Públicos Domiciliarios), en diciembre de 2012, el costo promedio para los hogares era de 388 pesos el kilovatio hora, es decir, sin tener en cuenta los subsidios y los sobrecostos. Esto quiere decir que un hogar de estrato 4  pagaba 388 pesos el kilovatio hora y los de los estratos  5 y 6, 466 pesos el kilovatio hora. Un hogar de estrato 1 pagaba   182 pesos, uno del 2, 228 pesos y el del 3, 324 pesos.  O sea, con los subsidios, solamente los del estrato uno pagan un valor similar al de  un hogar de los Estados Unidos.
Para la gran industria, la que está conectada a altos voltajes, a más de 57.5000 voltios, que corresponden a lo que se llama usuarios no regulados, de un estudio de la Asociación Interamericana de Grandes Consumidores, para 2010 las tarifas de energía eléctrica de Colombia eran solamente inferiores a las de Chile y muy similares a las de Brasil. Pero la situación es peor para las industrias o sectores no residenciales conectados a voltajes inferiores, porque los precios llegan a ser casi el doble. ¡Así cómo se puede competir!
Tienen razón los industriales colombianos, regulados o no regulados, el costo de la energía eléctrica afecta la competitividad de la producción nacional, y todo por darle gusto al FMI y al Banco Mundial.
Por qué se da esta situación? Por la manera como se definen los precios en la cadena que va desde la generación, la transmisión, la distribución y  la comercialización de la energía, y por unas normas que impiden una verdadera política de cogeneración y autogeneración. En Colombia, por la presión de los generadores, los autogeneradores y cogeneradores no pueden vender sus sobrantes de energía a la red, lo cual está perjudicando a los sectores productivos y al usuario colombiano en general.
El sector eléctrico es muy intensivo en capital, de ahí que la forma como se remunere al capital tiene altas  implicaciones en los precios finales de la energía eléctrica. Igualmente, el nivel de competencia en generación, en Colombia es oligopólico, ya que tres empresas dominan más del 60% de la capacidad instalada.
En las fórmulas de la Comisión de Regulación de Energía y Gas-CREG, el capital se remunera aplicando una tasa de rentabilidad sobre activos revaluados, tasa que incluye una tasa de riesgo para supuestamente atraer capital extranjero, que por lo tanto da lugar a mayor costo.
El costo del capital explica casi el 70% del componente del costo de la energía eléctrica, costo que depende del valor del capital y de la tasa de rentabilidad. El primero se considera como el valor de los activos revaluados y la tasa de rentabilidad  se define por el método del costo promedio ponderado del capital. Este tiene dos componentes, el costo del capital propio y el costo de la deuda, ponderados por la participación de cada componente para financiar la inversión, suponiéndose una asignación óptima de cada uno de ellos (40% de deuda y 60% de capital propio según la CREG), tomando como base de cálculo un período futuro de cinco años.
Según  el Documento CREG-022 de marzo de 2022,
                     WAAC = wD. kD+ wE.kE
Donde  WAAC es el costo promedio ponderado de capital
             wE  : peso ponderado del capital propio o equity
             wD   :peso ponderado de la deuda
             kE    :costo del capital propio o equity
             kD    : costo de la deuda
El costo de la deuda “se refiere a la tasa de crédito promedio obtenible por los inversionistas”, y en “principio, es la del mercado ofrecido sobre los bono de largo plazo emitidos por las empresas del sector” (CREG,  Resolución 022, pag.53).
Para el costo del capital se parte de  una tasa de referencia más una prima de riesgo. Los factores de riesgo son el riesgo del negocio y el riesgo de operar en Colombia. Los cálculos se hacen siempre suponiendo que se trata de atraer a un inversionista extranjero, así:
                 kd = rf + rn +rrp
Donde  rf: tasa libre de riesgo
            rn: prima por riesgo de negocio
                rrp: prima por riesgo país
Del estudio de la CREG para el año 2002, que fue la base para la resolución tarifaria para los siguientes años, se encontraron los siguientes valores de rentabilidad:
   WAAC: 17,01%  en US$ antes de impuestos
    WAAC: 13,02%  en US$ después de impuestos
Costo de la deuda en US$ antes de impuestos: 10,40%
Costo de la deuda en US$ después de impuestos: 7,67%
Costo del capital propio antes de impuestos en US: 15,59%, resultado  de una tasa libre de riesgo de 6,07%, una prima de riesgo de mercado de  4,33% y una prima de riesgo de país de 6,19%.
Todos los factores anteriormente mencionados deben ser objeto de crítica porque aquí está el quid de los precios de la energía eléctrica en Colombia. El hecho de determinar la tasa de rentabilidad del capital como si se tratara siempre de una empresa extranjera ya implica de por sí rentabilidades muy por encima de lo que debería ser normal para una empresa de servicios públicos, que trae como consecuencia tarifas de energía altas para los hogares y los sectores productivos. Igualmente, el trabajar con activos revaluados. Así, hay ya un elemento adicional que es la prima de riesgo país de 6,19%  que encarece el costo de capital propio en casi cuatro puntos que es un valor apreciable.
El otro punto es el que tiene que ver con la vida de los equipos, en la medida en que se considere una vida más corta de la real, hay que depreciar más rápido y, por lo tanto, mayor es el costo de la energía eléctrica.
Estos son unos elementos para el análisis, no los únicos, que nos permiten afirmar sin duda de que hay que modificar la metodología de diseño de las tarifas de la energía eléctrica y del gas natural porque en este sector se sigue la misma metodología.
Lo interesante de la situación es que el cambio en los cálculos no requiere de leyes sino que los miembros de la CREG modifiquen la metodología. Como los  miembros son funcionarios de período fijo, de orientación neoliberal, si se niegan a efectuar los cambios, ahí sería necesaria una ley que determinara con más precisión los parámetros de cálculo.
Los precios de la gasolina y del diésel oil (ACPM) también son muy altos
Aquí viene también la paradoja, Colombia exporta petróleo y tiene los precios de  la gasolina y el diésel más alto de los países exportadores de petróleo.
De 29 países del continente americano referidos por el informe anual 2010/2011 de la GTZ sobre precios de los combustibles, solamente Uruguay, Brasil, Cuba y Guadalupe  están por encima de Colombia en los precios de la gasolina y el diésel.
Así,  para el 19 der agosto de 2013, en Estados Unidos un galón de gasolina costaba  en promedio 6.345 pesos y uno de diésel 7.410 pesos, mientras en Colombia los precios correspondientes eran de  8.448 pesos y 8.049 pesos. Lo notable del asunto está en el hecho que Estados Unidos es un importador de petróleo y tiene un ingreso por  habitante cinco veces más que Colombia.
Por qué los precios de los combustibles son altos en Colombia
Por la filosofía que inspira a los gobiernos y a los reguladores. En el caso de los combustibles, la política de precios se basa en el concepto del costo de oportunidad, es decir, se supone que el productor de la gasolina y el ACPM (diésel), en nuestro caso ECPETROL,  debe recibir un ingreso como si fuera importador o exportador. Es decir, los precios no tienen nada que ver con los costos de producción  internos. Entonces, al definir así la política, los precios  viene lo sorprendente, si no se aplica esta política de precios, o sea, no se ajustan los precios de la gasolina  y el diésel, a los movimientos de los precios internacionales, el gobierno queda deudor de Ecopetrol con la diferencia entre lo que debería cobrarse y lo que realmente le llega a la empresa, a una empresa con mayoría de capital estatal en 90 por ciento, para el beneficio de unos accionistas minoritarios. De ahí que en las cuentas del gobierno, para promover esta política  desastrosa para los colombianos, siempre se refiere a que si no se la aplica  el presupuesto nacional debe correr con la diferencia.
Para explicarlo en términos  sencillos y con cifras aproximadas. Si se cobrara  la gasolina por los costos de producción  en Colombia, el precio para agosto de 2013 se descompondría de la siguiente manera:
1.     Precio del petróleo, puesto  en refinería colombiana: $1.131
2.     Margen de refinación: $226,2
3.     Márgenes de mayorista, minorista y otros costos: $ 1.163,6
4.     4. Impuestos: $ 2.534,4
5.     Precio total de un galón de gasolina: $ 5.055,3

Este precio comprende una rentabilidad normal, pero si se quiere compensar a Ecopetrol, podría pensarse en que obtuviera una rentabilidad   bien atractiva y reconocerle $ 2000 por galón  de utilidad adicional, con lo cual el precio aumentaría a 7.055,3 pesos el galón.
Si se utiliza el concepto d costo de oportunidad, las  cifras son las siguientes:
1.     Precio del galón petróleo internacional puesto en refinería: $4523,8
2.     Margen de refinación: $226,2
3.     Márgenes mayoristas y minoristas: 1.1163,6
4.     Impuestos: $ 2.534,4
5.     Precio total del galón: $8.448,0
Los dos cálculos muestran la ganancia extraordinaria para Ecopetrol de aplicar la actual política de precios en el caso de la gasolina, un excedente  de $ 3.392,7 pesos por galón al comparar el  precio según el costo de oportunidad  con el  precio por costos internos, y de 1.393 pesos el galón al  incluir una ganancia adicional de 2000 pesos el galón para Ecopetrol, que es una forma de incluir una regalía para valorizar un recurso energético no renovable. Es decir, se puede disminuir el precio de la gasolina en  por lo menos en 1000 pesos el galón.
Si se acogiera un  precio del galón de gasolina de 7.055,3 pesos el galón, se estaría más cerca del costo de oportunidad que del costo promedio interno,  pero es una solución benéfica para los hogares y el sector productivos y el gobierno sigue recibiendo los mismos impuestos por los combustibles. Por supuesto, Ecopetrol recibe menos utilidades, pero no hay razón para ganancias extraordinarias tan exageradas por las ventas internas. Es más lo que gana el país en el neto que lo que  pierde, que es lo realmente importante.
Entonces, lo que hay que hacer es cambiar toda la filosofía del diseño de la política de precios, y si es necesario, las leyes correspondientes, y acabar con la absurda idea de que hay que pagarle a Ecopetrol como si sus costos  fueran los  de los precios internacionales. Y esto no solamente se aplica para la gasolina y el diésel oil sino para todos los productos, como para hel GLP,  de ahí los precios altos de los fertilizantes.
Sí, Ecopetrol da ganancias altísimas, y su presidente  se vanagloria de ello, pero esto no tiene nada con eficiencia empresarial, sino con unas reglas dictadas por el gobierno que le permiten  a la empresa ganancias monopólicas, situación que es urgente acabar.
Por supuesto, los economistas ortodoxos pondrán el grito en el cielo.  Dirán que estamos contra la eficiencia económica, que estamos contra el ahorro de recursos naturales no renovables, que estamos favoreciendo a los hogares de altos ingresos.
Cada uno de estos argumentos se puede controvertir. En un mundo imperfecto, la teoría económica afirma que la política de precio igual a costo marginal no es lo óptimo, que se aplicaría lo que se llama precios Ramsey, que no son necesariamente costos de oportunidad, sino que tienen una fuerte relación con los costos promedios. Ahora, el mercado petrolero internacional es altamente oligopólico, de oferta controlada, no tienen nada de perfecto.
El criterio según el cual precios de los combustibles más bajos favorece a los hogares ricos podría ser cierto hace treinta años cuando el carro  privado era privilegio de personas de altos ingresos, pero hoy es una necesidad ante los pésimos servicios de transporte público. El carro  privado ha penetrado en los estratos 3 y4 y aún en  hogares de los estratos 2. Por otra parte, el ACPM es un insumo importante para el transporte público de pasajeros y de carga.
Hay otras medidas eficientes para promover el ahorro de energía, como altos impuestos anuales para los vehículos, prohibir la venta de carros ineficientes en consumo de combustibles, aumentar los aranceles para los vehículos, impulsar sistemas urbanos de transporte masivo, mejorar la infraestructura vial, incentivar el uso de la bicicleta, realizar diseños urbanísticos que tengan en cuenta la movilidad, y así habría otras medidas que impactarían mucho más que  precios de combustibles altísimos que sí afectan la competitividad y bienestar de los colombianos.
Hay que producir un revolcón en los precios de los energéticos
En conclusión, es urgente realizar un revolcón en la política de precios de los energéticos en Colombia. Los colombianos tienen razón: están cansados de  las altas tarifas de energía eléctrica, de los precios del GLP, del gas natural, de los combustibles y de los fertilizantes. Y el sector productivo, la industria, la agricultura, el turismo, todos los sectores, están agobiados por estos precios que nos hacen menos competitivos.
Por supuesto, no hay voluntad del gobierno. El presidente Juan Manuel Santos, como los anteriores gobiernos, está atrapado por los economistas ortodoxos, que no le permiten hacer cambios. Prefieren paros y revueltas a alterar su pensamiento, en una materia que es posible modificar con justificaciones económicas y de interés general. Pero para que esto se dé se requiere de nuevos liderazgos, de un  nuevo enfoque, de otro modelo. En fin, se trata de derrotar al neoliberalismo colombiano. 

* Fuente: este texto fue enviado a SEGVIAL BOYACÁ para difución, por el Ing. Orlando Flechas Corredor - Exgerente de la Empresa de Energia de Boyacá - EBSA.

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